Prólogo

Las políticas sociales son el verdadero motor de cualquier sociedad.

Ya dijo Alexis de Tocqueville, que «las sociedades deben juzgarse por su capacidad para hacer que la gente sea feliz». A mí me gusta decir que política social debe ser la que permita al individuo dedicar toda su capacidad a la búsqueda de su propia felicidad.

Nuestra sociedad vive inmersa en profundos y acelerados cambios y debemos ser capaces de dar respuesta a esas nuevas demandas sociales, de forma que permitan consolidar una sociedad justa y próspera, en el marco de una economía en crecimiento garantizando la protección social, pero al mismo tiempo persiguiendo la igualdad entre todos los ciudadanos, la libertad de las personas, la competitividad de la economía y la sostenibilidad del bienestar.

Además, debemos atender a esta protección social en una sociedad que está sometida a profundos cambios: cambios demográficos: la prolongación de la vida –como nunca antes–, el envejecimiento, la disminución de la natalidad, las migraciones; la situación actual de crisis económica, con más paro, más déficit y más pobreza; el contexto internacional, que ha pasado de la alegría por el fin de la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín, a nuevos riesgos impredecibles; los cambios en la percepción de la sociedad y en la adquisición del conocimiento por parte de las generaciones jóvenes, a causa de las nuevas tecnologías, la inmediatez de las comunicaciones y la universalización de la educación; la preocupación medioambiental, la extensión del sentido de responsabilidad por la conservación de la naturaleza.

Todo ello, es lo que se ha venido en llamar «el cambio global». Nos enfrentamos a un cambio de enormes magnitudes. Hemos de responder a una nueva realidad económica y social.

En la sociedad hay una nueva perspectiva ética, según la cual la solución de los problemas percibidos y la respuesta a las demandas de la sociedad debe ser asumida responsablemente por los gobernantes.

¿Tenemos las mejores condiciones y oportunidades, estamos capacitados para hacer frente a estos cambios y acometer las reformas necesarias?

Son muchos los elementos que juegan a favor, los avances científicos y tecnológicos;  la expansión del conocimiento; la formación de las personas; el nivel de vida alcanzado…pero muchos los cambios –como he señalado– y las reformas que hay que acometer, si queremos hacer sostenible la Sociedad del Bienestar.

La Sanidad es uno de los elementos claves del Estado del Bienestar.

Es cierto que el Sistema Sanitario Español ha alcanzado unos niveles de eficacia, resultados sanitarios y recursos empleados, de los mejores del mundo especialmente con un muy alto nivel de nuestros profesionales sanitarios y una completa cartera de servicios que ha hecho, que ha logrado un nivel asistencial de excelencia. Sin embargo, a veces el discurso de la autocomplacencia dificulta el reconocimiento de los problemas reales del sistema, que los tiene, y dificulta la respuesta a los retos nuevos que el mundo cambiante le plantea.

El problema real es un sistema sanitario con déficit acumulado de 12.000 millones de euros donde si no acometemos reformas estructurales, la equidad y la calidad del sistema podrán verse resentidas de forma muy importante.

Nuestros objetivos, a mi juicio, han de ser:

  • Reducir de forma significativa las diferencias interregionales en salud, especialmente las tasas de mortalidad  para las patologías más prevalentes.
  • Reforzar la planificación y mejorar la regulación de los recursos humanos del Sistema Nacional de Salud.
  • Establecer objetivos en términos de resultados en salud para las principales áreas de patología así como para la calidad y seguridad del sistema y alinear las políticas al logro de los mismos.
  • Poner en valor la capacidad de los profesionales e instituciones del Sistema Nacional de Salud para generar conocimiento e innovaciones con valor comercial  y reducir la dependencia tecnológica de la sanidad española.
  • Innovar en los sistemas de gestión clínica de la asistencia, con la participación de los profesionales, modernizando los sistemas tecnológicos, implementando sistemas avanzados de información que posibiliten la integración funcional de los servicios y la gestión de resultados en salud.

¿Y cuáles han de ser los retos del Sistema Nacional de Salud?

  1. Sostenibilidad y financiación suficiente.
  2. Asegurar la cohesión y equidad de nuestro Sistema Sanitario. Asegurar que en nuestro país existan las mismas prestaciones básicas para todos, con una cartera de servicios única, transparente y muy clara, que incluya, por supuesto, la atención primaria, la salud pública, la atención socio-sanitaria y prestaciones de salud mental, salud buco-dental y cuidados paliativos.
  3. Destinar recursos suficientes para las patologías prevalentes en nuestro país.
  4. Crear un sistema homologado de desarrollo profesional que implique el reconocimiento social y económico de la competencia de los profesionales, a través de un sistema de incentivos individuales por valoración de capacidades, conocimientos, compromiso con los objetivos asistenciales de la organización. Implica la participación en comisiones, en actividad docente y tutorías, en proyectos de investigación.
    Requiere criterios únicos en todo el territorio nacional, dentro y fuera del Sistema Nacional de Salud, en relación a sistemas de acceso, requerimientos y promoción a los diferentes grados así como a los procedimientos de evaluación.
    En este punto es indispensable la homologación de los grados por parte del Ministerio de Sanidad para permitir su consolidación en todo el territorio nacional y así facilitar la movilidad de los profesionales.
    Que incluya necesariamente formación continua básica, como pieza fundamental; planificar el número de alumnos en las Facultades de Medicina y del resto de profesiones sanitarias; elaborar un registro estatal de profesionales sanitarios que permita el conocimiento de las variables relevantes para la planificación de los recursos humanos del sistema; elaborar un Plan estatal de recursos humanos del Sistema Nacional de Salud y del sistema socio-sanitario; promover la movilidad de los recursos humanos dentro del Sistema Nacional de Salud y del sistema socio-sanitario y la adaptación de las competencias profesionales a la evolución de la demanda asistencial; potenciar la formación y consideración de los facultativos de atención primaria tanto a través del sistema de formación como en los sistemas de retribución y reconocimiento del desempeño; creación de un centro Documental de Información y Efectividad  Clínica. El centro tendría carácter estatal, si bien estaría gestionado y participado por las comunidades autónomas que aportarían la experiencia clínica de sus profesionales; desarrollar, con la participación de los profesionales, sistemas expertos de apoyo a la decisión clínica y de evaluación de la actividad que permitan al facultativo optimizar la gestión de su práctica en base a la evidencia científica y a su propia experiencia profesional; establecer, evaluar y difundir objetivos de resultado con carácter estatal para las grandes áreas de patología: diabetes, cáncer, cardiovascular, salud mental, pacientes terminales; desarrollo del nuevo sistema de troncalidad y áreas de capacitación específica.
    Todas estas propuestas deben llevarse a cabo con un referente que caracteriza a las profesiones sanitarias: el deontológico.
  5. Investigar para mejorar la salud del presente y garantizar la salud del futuro.
    La investigación biomédica debe ser considerada como una prioridad social, porque nos permite generar nuevo conocimiento aplicable en la lucha contra la enfermedad, y supone un reto de mejora de la calidad asistencial, presente y futura. Vivimos en una sociedad abierta a la innovación, y precisamente los avances sanitarios se basan en la aplicación de nuevos hallazgos científicos en materia de prevención, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de la persona enferma.
  6. Un nuevo diseño organizativo de nuestro sistema sanitario.
    El sistema no está orientado a la generación de valor sanitario para el paciente y para la comunidad.
    El sistema tiene importantes lagunas de efectividad y de eficiencia. El sistema no gestiona adecuadamente la seguridad.
    El sistema no está eficaz y suficientemente orientado a los pacientes.
    El sistema sanitario tiene problemas de gobernanza en todos sus niveles.
    El sistema sanitario no se coordina de forma eficiente con el sistema de prestaciones sociales, en particular, con las prestaciones a dependientes.
    Debemos buscar la integración con la función de promoción y protección de la salud.
    Debemos avanzar hacia un sistema donde el paciente sea el protagonista de las decisiones sobre su proceso asistencial, dónde y por quién quiere ser atendido; donde la continuidad asistencial sea una realidad; donde los servicios de salud tengan potentes áreas de planificación de procesos para intentar que haya la menor variabilidad posible en la práctica clínica. Una atención protocolizada con garantías de seguridad, calidad y confort.
    Debemos buscar mayor autonomía y mayor participación de los profesionales en la gestión, para gestionar sus consultas, sus recursos. «No te digo cómo lo haces, pero sí resultados».
    La calidad de los resultados se puede y se debe medir, muy pocos indicadores pero que son claves: reingresos, complicaciones, efectos adversos, satisfacción del paciente, mortalidad por causas…permiten evaluar la calidad del servicio.
    Establecer para cada patología modelos de referencia para la integración funcional de los servicios orientada al logro de resultados, así como resultados estándar orientativos. Promover un Plan Nacional de Mejora de la Atención Sanitaria a Pacientes Crónicos.
    Es necesario que los pacientes reciban un trato personalizado y resolutivo en tiempo y forma. Por ejemplo, las pruebas diagnósticas no es deseable, no es eficaz, es costoso para el paciente y para el sistema que sean realizadas a lo largo de una semana  o en meses, cuando en muchos casos es posible hacerlas en un solo día.
    Los Servicios de Salud Autonómicos deben estar en condiciones de acercarse mejor a las necesidades locales y tener mejores posibilidades a la hora de adoptar decisiones y de controlarlas. Todo ello podrá comportar mayor eficacia en la gestión.
    Las funciones del Sistema Nacional de Salud y de los Servicios que lo integran deberían ser objeto de una gestión equilibrada, de una organización flexible, de una financiación sostenible, de una alta motivación de sus profesionales y de una innovación tecnológica constantes. Sin olvidar, por ser lo más importante, la cohesión del sistema y la libertad de elección como elementos clave no sólo de satisfacción del paciente sino también como elemento clave de una nueva organización del sistema que redundará en mayor motivación de los profesionales.

El Máster de Gestión Sanitaria Integral que con gran acierto dirige el Dr. Javier Cabo ofrece la posibilidad de analizar los sistemas sanitarios, sus reformas y la necesidad de dotar a la sanidad no sólo de contenidos económicos y sociales sino, también y no menos importantes, contenidos éticos.

Se analizan las organizaciones sanitarias, sus objetivos, su regulación, su utilización, el cumplimiento de objetivos. El Sistema Sanitario debe alcanzar la satisfacción de pacientes y profesionales sanitarios con efectividad, equidad y eficiencia.

Se analiza la gestión de la integración de los diferentes niveles asistenciales y gestión única; gestión por competencias; la gestión por procesos; la gestión de la calidad y la gestión de la investigación biomédica en un hospital… Se buscan experiencias de mejora de la gestión y avanzar hacia una gestión desburocratizada; cambios desde los modelos tradicionales de gestión jerárquica hacia modelos matriciales; fomento de la gestión del conocimiento; identificación e implicación de los profesionales u optimización en la aplicación de recursos con un planteamiento multidimensional y una coordinada política de infraestructuras sanitarias. Con políticas de recursos humanos que busquen y apliquen instrumentos jurídicos flexibles y con una estrategia participativa. Sólo contando con el apoyo imprescindible de los profesionales sanitarios lograremos la satisfacción de los pacientes y la eficacia y la eficiencia del Sistema Sanitario.

Esta visión global de la gestión se complementará con temas específicos de implantación de la historia de salud, la importancia de la telemedicina y los sistemas de información sanitaria, la bioética y el derecho sanitario y la prevención de riesgos laborales en el sector sanitario.

Para los profesionales sanitarios, sin duda, la gestión sanitaria es un tema primordial, en la búsqueda de la satisfacción de los pacientes y para conseguir el mantenimiento y, si es posible, la mejora de la calidad asistencial en nuestro país.

La Sanidad está sometida a un proceso continuo de cambio social que modifica y diversifica los valores y las expectativas de la medicina. Y por ello, debemos afrontar retos y acometer reformas para adaptarse a esta evolución social. Una buena formación en Gestión Sanitaria es clave para que nuestro Sistema Sanitario avance y sea sostenible, equitativo, de calidad, manteniendo la solidaridad interterritorial, siendo cada vez más profesionalizado y, sobre todo, avanzando hacia una humanización y personalización clave, sin duda, para alcanzar nuestro gran objetivo, que no es otro, que los ciudadanos tengan más  y mejor salud.

Es un placer poder presentar y prologar este Libro y Máster en Gestión Sanitaria dirigido con tanto acierto por el Dr. Javier Cabo que, además de ser un Jefe Clínico ex-celente, ha dedicado y dedica sus conocimientos y su experiencia para hacer que otros muchos profesionales sanitarios amplíen sus conocimientos en un área tan importante y necesaria como es la Gestión Sanitaria. Todo ello en el CEF, institución cuya trayectoria y compromiso con el interés general está tan contrastada.

La nueva realidad social precisa de la defensa de políticas de Cohesión y Calidad del sistema sanitario, lideradas por el Estado, junto con políticas de eficiencia y competitividad en la gestión que llevan a cabo los servicios de salud de las comunidades autónomas.

Y eficiencia que se tiene que vertebrar con la transferencia de mayores cuotas de responsabilidad a los gestores y profesionales sanitarios que intervienen en el día a día.

Nuestra sanidad requiere cambiar el modelo que nació en los setenta, con instituciones  excesivamente grandes e ingobernables y transitar hacia un modelo de responsabilidad individual, centrado en el paciente, y donde la calidad se mide y se premia; estoy hablando de mayor autonomía de gestión a cambio de evaluación de resultados que hagan al sistema más eficaz y más eficiente.

Concluyo con un mensaje de confianza en el futuro, en la sociedad, en nuestros profesionales y en su capacidad para afrontar todos estos retos, siempre que se apliquen las políticas adecuadas, porque la política sanitaria con mayúsculas también existe. Merece la pena.

 

Ana María Pastor Julián

Vicepresidenta Segunda del Congreso de los Diputados.
Coordinadora de Participación Social del Partido Popular.

Ministra de Sanidad y Consumo años 2002-2004.

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