4. Bioética

Desde el año 1978 la enciclopedia de bioética de Estados Unidos de Norteamérica define dicha ciencia como el estudio sistemático de la conducta humana en el ámbito de las ciencias de la vida y de la atención a la salud, examinando esta conducta a la luz de los valores y de los principios morales. Esta definición tiene la ventaja de superar el estrecho círculo de la relación médico-paciente, ampliándolo a la biomedicina y otras ciencias relacionadas con la salud.

Siguiendo a Francesc Abel, las preguntas fundamentales de la bioética tienen una secuencia lógica en la medida en que se suceden los progresos científico-técnicos y la sociedad evoluciona con los mismos 3. A principios de los años setenta la pregunta era si todo aquello que técnicamente era posible realizar, era aceptable éticamente. Esta pregunta, que continúa teniendo actualidad, se solapa con otra que surge de la realidad misma: dando por supuesto que lo técnicamente posible se realizará, si existen los medios necesarios para ello, ¿cómo y quién pondrá unos límites para asegurar que aquello que se haga ayude al progreso humano? Finalmente, puesto que estos progresos se traducen en ámbitos de poder económico, social y político que necesitan ser controlados para no caer en la corrupción, la pregunta bioética se convierte en ¿quién y cómo controlará a los controladores?

Ya hemos dicho antes que el ámbito de la bioética va más allá de la ética clásica, comprendiendo todos los aspectos relacionados con la salud, la asistencia sanitaria y también las políticas sanitarias. Los temas principales, a título de ejemplo, que son objeto de atención y discusión en el diálogo de la bioética clínica son los siguientes: todas las cuestiones que giran alrededor de la relación médico-paciente, información, consentimiento, comunicación de la verdad, derechos y deberes de los pacientes, problemas relacionados con intervenciones de riesgo elevado; las cuestiones fundamentales relativas a la intimidad, confidencialidad, vida privada y secreto, que hoy tienen una trascendencia enorme merced a la incidencia de la genética y de la protección de los datos de carácter personal, sobre todo cuando son objeto de tratamiento automatizado; la distribución de los recursos escasos, diálisis, unidades coronarias, etc.; el conjunto de problemas que están alrededor de la fecundación, tales como la contracepción, la esterilización, el aborto, las tecnologías de reproducción humana asistida y, con carácter propio e importancia, la protección o garantía que requiere el embrión humano (el estatuto del embrión); lo referente a la genética y problemas relacionados con la misma, tales como el diagnóstico prenatal en sus diferentes fases, la terapia somática o génica, el consejo genético, los bancos de DNA; los importantes aspectos relacionados con la psiquiatría, tales como el consentimiento informado, la medicación, la terapia electroconvulsiva, la psicoterapia, la psiquiatría de enlace, la investigación, la hospitalización involuntaria o voluntaria y la edad; los problemas relacionados con la experimentación en gestantes, embriones, fetos, niños, prisioneros, personas deficiencia mental, ancianos, etc., el trasplante y el xenotrasplante y los problemas en torno a la muerte y los moribundos, como el diagnóstico de muerte cerebral, la eutanasia, el encarnizamiento diagnóstico y terapéutico y los enfermos crónicos y terminales.

4.1.  BREVE REFERENCIA A LOS ORÍGENES

La bioética nació en los Estados Unidos de Norteamérica en el siglo pasado (alrededor de 1970), al confluir diversos factores que hicieron necesario encontrar respuestas a problemas que planteaban los progresos biomédicos y tecnológicos. Fueron determinantes, en tal sentido, las posibilidades de los investigadores de disponer de los medios adecuados para la investigación básica o la aplicación práctica de nuevas tecnologías; la preocupación social creciente sobre los derechos de los pacientes; por último, el papel de los medios de comunicación social en la difusión de los progresos, que despertaron el interés colectivo, con sus expectativas y temores, y los consiguientes debates con amplia repercusión pública.

La palabra que se acuñó para definir este nuevo estado de cosas fue la de bioética (ética de la vida), para indicar la necesidad del diálogo entre científicos y humanistas.

4.2.  CRÍTICA A LAS TEORÍAS ÉTICAS DESDE LA BIOÉTICA

4.2.1.  El utilitarismo: el peligro de una distribución injusta

Un grave problema de la tesis utilitarista es que permite, en principio, que los intereses de la mayoría supediten los derechos de las minorías y no consigue evitar distribuciones sociales injustas. Por ejemplo, si pudiéramos aumentar el valor de las vidas de un grupo de personas ya prósperas, más de lo que la aumentaríamos en un grupo de indigentes, el utilitarista debe recomendar que el valor añadido sea para el grupo próspero. A los investigadores les preocupa, sin embargo, la aparente injusticia de excluir a pobres y minorías de un proyecto de salud pública orientado hacia el sector social económicamente superior. Sin embargo, las estadísticas son contundentes. Por muy cuidadosamente que se planifiquen los esfuerzos, sólo son eficientes (es decir, utilitaristas) los programas dirigidos a los hipertensos conocidos y los investigadores, por tanto, deberían recomendar lo que ellos explícitamente denominan una asignación utilitarista 4.

4.2.2.  El deber moral del kantismo: las obligaciones en conflicto

Existen obligaciones que entran en conflicto. Supongamos que hace tiempo que prometimos llevar a nuestros hijos de excursión y que ahora nos encontramos con que, si lo hacemos, no podremos cuidar de nuestra madre que está enferma en el hospital. Este conflicto enfrenta la regla de cumplir una promesa con la regla del cuidado, posiblemente basada en una deuda de gratitud. Al considerar todas las reglas morales como absolutas, Kant parece decir que tenemos la obligación de hacer lo imposible para realizar ambos actos. No podemos llevar a nuestros hijos de excursión y a la vez cuidar de nuestra madre en el hospital; sin embargo, Kant parece exigir ambas cosas. Cualquier teoría ética que llegue a esta conclusión es incoherente, y no parece existir ninguna forma de evitar el marco absolutista. Si existen dos o más reglas absolutas, en algún momento acabarán entrando en conflicto.

4.2.3.  La ética del carácter: las virtudes

La virtud no es suficiente desde el momento en que la ética del carácter no puede explicar y justificar adecuadamente el hecho de que un acto determinado sea considerado correcto o incorrecto. Dicho de otra manera, no podemos pretender que todos los actos de una persona virtuosa sean moralmente aceptables, ya que las personas de buen carácter, que actúan virtuosamente, pueden realizar actos incorrectos (pueden tener información incorrecta sobre las posibles consecuencias, hacer juicios incorrectos o ser incapaces de darse cuenta de lo que deben hacer). En definitiva, valorar los actos sin tener en cuenta si los sentimientos, las actitudes, la compasión y sentimientos similares son adecuados o deseables, implica perder gran parte de la perspectiva.

4.2.4.  La ética liberal: ética de los derechos

Los argumentos que sólo se basan en derechos pueden modificar o empobrecer nuestro concepto moral, y es que los derechos no explican el significado moral de los motivos, por lo que una teoría tan limitada no sería completa y no tendría suficiente poder explicativo y justificatorio. Además, con frecuencia la cuestión no es si el derecho existe o no, sino si tal derecho debería o no ser ejercido. Añádese que el enfoque de esta ética no tiene en consideración las exigencias comunitarias ni los intereses colectivos, ni tampoco los bienes y servicios comunitarios, tales como la salud pública, la investigación biomédica y la protección de los animales, teniendo en cuenta que, en ocasiones, los intereses comunitarios pueden prevalecer sobre los derechos.

4.2.5. Comunitarismo: la falsa dicotomía entre el individuo y la sociedad

Los comunitaristas plantean una dicotomía falsa: o bien se protege la autonomía radical en la toma de decisiones, o bien se defiende la determinación comunitaria de los objetivos sociales. Sin embargo, en la realidad, resulta imposible pensar en el individuo y no considerarlo parte de una comunidad.

4.2.6.  Casuismo: el razonamiento basado en los casos clínicos

Para los defensores de esta teoría la única forma de realizar juicios morales adecuados consiste en valorar las situaciones concretas y hacer un estudio histórico de casos similares. Puede afirmarse que, en principio, es correcto acudir a la experiencia y a la tradición para tratar de solucionar las cuestiones concretas, pero también es evidente que los hechos que son objeto de valoración no pueden hablar por sí mismos ni son capaces de dar forma a los juicios morales. En consecuencia, la interpretación de los casos es esencial para establecer el juicio ético y tanto los principios como la teoría desempeñan una función necesaria.

 

3 Francesc Abel, Bioética: orígenes, presente y futuro. Instituto Borja de Bioética, Fundación Mapfre Medicina, Madrid, 2000.
4 Los casos se han extraído del libro de Tom L. Beauchamp y James F. Childress: Principios de ética biomédica, MASSON, Barcelona, 1999.

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